Esta vez me ha tocado a mí. Y es que, “Nunca sabes cuándo. Nunca sabes dónde.”
Voy a referirme a la agresión que sufrí el pasado domingo 25 de marzo de 2012. Voy a hablar de ello en nuestro site porque espero que lo que me ha ocurrido pueda servir de ayuda a cualquier persona decente, sea alumno o no de nuestra escuela. Primero relataré una crónica de los hechos, lo más objetiva que pueda. Seguiré con unas impresiones aclaratorias y finalizaré con unas conclusiones profesionales. Espero que todo esto os ayude.
La crónica de los hechos.
Vivo en Gijón (Asturias). Era domingo, uno de esos días con los primeros rayos de sol de primavera en los que a uno le apetece salir a llenarse de energía. Creo que lo mismo pensaba If, mi perro teckel de pelo duro. Para el que no lo sepa, es un primo del “salchicha”, ya sabéis. En la foto, es la variedad que está justo en medio. El caso es que decidí aprovechar para sacarlo y que también disfrutara del sol libre y suelto, sin molestar a nadie y sin riesgo para él. Y para allá nos fuimos. Decidí llevarlo a un lugar que realmente recomiendo en Gijón (Asturias): la Campa de Torres, una mezcla de ruinas arqueológicas, con unas magníficas vistas al mar y al puerto del Musel y un pequeño y coqueto cabo lleno de aves marinas. Verde y azul por todas partes.
Tras una hora y media de paseo disfrutando -If de hacer sus cosas de perros y del sol, y yo de la lectura y del sol- decidí emprender el regreso a casa. Así lo hicimos, cada uno en lo suyo cuando de repente, a unos treinta metros del lugar donde estaba aparcado el coche, un fox terrier aparece y se lanza a atacar a mi perro. No es la primera vez que ocurre que un perro macho maleducado se dedica a marcar al mío de manera más o menos violenta. Todos los que tenemos perros responsablemente lo hemos sufrido alguna vez y jamás culpamos al perro, por aquello de “Perro peligroso. Cuidado con el dueño”. Enseguida reaccioné y usé lo que en la mayor parte de los casos funciona: me acerqué rápidamente mientras lanzaba un fuerte y seco grito para aturdir al perro atacante y aprovechar el momento para terminar con el problema, bien cogiendo a mi perro, bien calmando la situación.
El grito no funcionó. El fox terrier tenía a If bajo su cuerpo -debía de pesar un 60% más y ser un palmo y medio más alto que mi perro-, y mi perro estaba patas arriba en el suelo, intentando zafarse, pero el fox terrier estaba intentando morderle ¡la garganta! Eso ya no era un “simple marcaje”, ERA UN ATAQUE EN TODA REGLA. Me precipité hacia ellos, mientras lanzaba un segundo grito. El fox terrier seguía intentando morder la garganta de mi teckel, que hacía lo que podía, el pobre. Al ver que la cosa iba a más y que había un riesgo grave real e inminente para mi perro, hice lo mejor en estos casos: propiné una patada, con el empeine y sobre el muslo derecho del foxterrier. De esa manera, no se le hace apenas daño, tan solo se le aturde y se le desplaza lo suficiente para poner a salvo a nuestro perro. No debemos jamás intentar coger al perro agresor: es muy peligroso y puede empeorar mucho las cosas.
Esto último sí resulto. Al menos logré parar el ataque del fox, el cual “voló” como un metro y medio y quedó durante un instante un tanto aturdido. Intenté coger a mi perro, que en ese momento aprovechó para ponerse en pie y ladrar al fox. En ese momento, oí unas voces, ¡No pegues al perro! ¡No pegues al perro! Vi a unas personas, mejor dicho, las intuí, porque estaba muy preocupado con la situación. Por instinto, les indiqué varias veces y en voz alta que sujetasen a su perro. Pero enseguida, el fox volvió a atacar a If. Esta vez la misma escena estaba teniendo lugar a mis pies: El fox encima intentando morder la garganta de If, y éste patas arriba e intentando zafarse como podía. Inmediatamente hice la misma operación que antes con la patada pero, al estar tan cerca, ya pude aprovechar el momento de aturdimiento del fox para coger al mío con un brazo. Estando como estaba preocupado de mi perro y del perro agresor, tan solo vi unas imágenes de refilón: un hombre acercándose a mí con un bastón en su mano derecha cogido por la mitad y, a unos metros de él, una mujer. Lo siguiente que recuerdo es al hombre dándome un golpe en la cabeza con su bastón.
Fue un golpe seco, brutal. Un golpe por sorpresa. Deduje que el bastón se había partido porque oí caer un trozo y vi al agresor con la otra mitad en su mano derecha. Noté mi sangre inmediatamente, y reaccioné. Me alejé unos pasos del agresor, saqué mi spray y lo disparé a su cara. Lo alcancé y el agresor se quedó parado. La mujer se mantenía a unos dos metros de él. Ante la duda de si le había detenido o no, le volví a disparar. Esta vez sí estaba seguro. Ya lo había parado. Yo seguía sangrando. No sé como lo hice. Les grité que no se movieran, que iba a llamar a la policía. Y así lo hice. Con mi perro cogido en el brazo izquierdo como pude, mi libro no sé donde, mi teléfono móvil haciendo la llamada… y sangrando con un fuerte golpe en la cabeza.
En la llamada a la policía les expliqué brevemente: una persona acaba de agredirme con un bastón en la cabeza… estoy herido… le he disparado con un spray… estoy en la Campa de Torres, a la altura del aparcamiento… por favor, vengan. La mujer ató con una correa a su perro y me decía que sujetara al mío. Yo empezaba a marearme y había soltado a If que ladraba a su agresor en la distancia mientras se alejaba con la mujer. Taponé la hemorragia con pañuelos de papel y, previendo un posible desmayo, fui a dejar a mi perro en el coche, abrí las ventanas -el sol calentaba- y cerré las puertas. Dejé todas mis cosas allí, salvo mi móvil, mi cartera y mi spray. Cada vez me sentía más mareado, por lo que decidí caminar, moverme alrededor, sin dejar de observar al agresor, que estaba tumbado sobre la hierba, auxiliado por la mujer que lo acompañaba.
No dejé de observarlos a distancia. Debía asegurarme de que no llevaban armas o había alguna nueva intención agresiva que me indicara que debía alejarme más. Todo parecía ya sosegado. A distancia les di indicaciones para que no se preocuparan -conozco el shock que produce un disparo de mi spray de OC- y les indiqué que se tranquilizaran, que el efecto pasaría rápido y que no tendría consecuencias. El agresor en el suelo, la mujer asistiéndolo, un ciclista les ofreció agua de su botellín. Yo seguí dando vueltas, observando la situación y temiendo el desmayo. Un golpe en la cabeza es algo muy serio. Calculo que pasaron unos veinte minutos desde la agresión, y mi mareo fue pasando. El agresor también se iba recuperando e intentaba levantarse con la ayuda de la mujer. Poco a poco se fue acercando a su coche. Yo me mantenía apartado unos veinte metros y lo observaba, sin alterarme y sin alterarlo. Él empezó a observarme. Yo seguía con los pañuelos de papel taponando la hemorragia en mi cabeza.
De repente, al pasar a mi altura en dirección a su coche, se dirigió a mí y me dijo que lo sentía, que creyó que yo iba a matar a su perro. Conociendo estas cosas, no entré en debates. Seguía acercándose y disculpando su conducta. Me pareció que estaba más preocupado por lavar su conciencia que por mi estado o por el de mi perro. Le advertí que no se acercara con ánimo de agredirme de nuevo. Le permití que se acercara hasta mí porque quería darme su mano. No vi ningún peligro en ello y soy consciente de que debo calmar la situación hasta que llegue la policía. No importa el profundo desprecio que sienta hacia el agresor, debo actuar inteligentemente para no empeorar las cosas. Sigo sin perderlos de vista, a ambos.
La policía llega. Pregunta qué ha ocurrido. El agresor se precipita a dar su versión en primer lugar. Dice que los perros se pelearon, que yo di patadas al suyo y que entonces me dio un bastonazo porque creyó que lo iba a matar. Los agentes me preguntan si estoy de acuerdo. Les digo que no. Intento mantener la calma. Ven el bastón roto, se interesan por mi estado. Llaman a una ambulancia y me indican que en cuanto haya alguna libre vendrá. Que permanecerán allí hasta que venga y, si demora demasiado, llamarán a otro coche patrulla para que me lleve a Urgencias. Me preguntan entonces por mi versión y se la doy. Les muestro mi spray legal. Conservan el bastón roto y el spray como prueba. Nos piden a todos nuestra identificación y realizan las comprobaciones de rutina. Hablan con el agresor y conmigo en sendos apartes. Me preguntan si voy a denunciar el hecho y me indican que, lo haga o no, al haber indicios de delito ellos tendrán que actuar de oficio. Estoy aturdido por el golpe, la sangre, mi perro solo al sol y con miedo, lo inespareado de los hechos… Sus comentarios me hacen reflexionar y decido denunciar. Es lo que todo ciudadano decente debería hacer. Los agentes indican al agresor que si yo voy a presentar una denuncia él deberá acompañarles a la Comisaría. El agresor me pide varias veces que no lo denuncie y esgrime que lo ha hecho todo por confusión, que él no se dedica a agredir a las personas. Cuando le digo que lo voy a hacer, cambia su discurso e inicia uno nuevo: el de que yo le había disparado un spray y mi perro participó en la refriega con el suyo.
Telefoneo a una amiga para que se haga cargo de If. Llega la ambulancia y me hacen las primeras curas. Me indican que deben llevarme a Urgencias. Les hablo de mi perro en el coche bajo el sol y me permiten que conduzca el coche, bajo su atenta observación, para dejarlo en un lugar a la sombra. Me despido de los agentes de policía y les doy las gracias por su ayuda. Subo al coche. If está tumbado en el suelo, asustado. Siempre se sienta en el asiento. Conduzco muy despacio, con la ambulancia detrás observándome. No encuentro ningún lugar a la sombra. Tras unos cinco minutos el conductor de la ambulancia me pregunta si me veo bien para llegar conduciendo hasta Urgencias. Le indico que así lo creo y sigo conduciendo hasta allí, bajo la vigilancia de los dos profesionales que van en la ambulancia detrás de mí.
Lo demás, nada especialmente destacable. Ingreso en Urgencias del Hospital de Jove, me asisten de un traumatismo cráneo-encefálico (os dejo una copia del parte médico). Efectúan una inspección, una desinfección, me hacen pruebas, me inyectan un vacuna antitetánica y otra inyección por si hubiera infección, me colocan dos grapas en la cabeza y me dan una hoja con un protocolo de auto-observación que debo seguir durante las siguientes cuarenta y ocho horas: si detecto alguno de los síntomas descritos, debo volver inmediatamente a Urgencias. Mi amiga llega con su pareja y se hace cargo de If. Está muy asustado. Ambos me acompañan a la Comisaría de Policía de Gijón (ODAC), donde presento la correspondiente denuncia (os dejo una copia también), junto con el parte médico y el libro que estaba leyendo cuando todo empezó, ensangrentado.
La tarde la paso en casa. Son las cinco y aún no he comido. Ya no me fijo en el sol. If está conmigo; no quiere ni subir al sofá. Decido dejarlo tranquilo en su rincón hasta que se calme. Limpio la sangre del libro, de la ropa y del teléfono.
¿Y ahora qué? Ha pasado casi una semana y estoy redactando este post. Siguiendo las prescripciones médicas, pedí hace unos días una cita al médico de cabecera para que el próximo lunes me quite las grapas y me haga una revisión. Parece que no ha sido muy grave, afortunadamente. Quedo a la espera del juicio.
Unas impresiones aclaratorias.
Debo agradecer la profesionalidad y ayuda de los dos agentes de policía que acudieron a mi llamada, al igual que los dos profesionales de la ambulancia, el personal sanitario que me atendió en Urgencias y los policías que atendieron mi denuncia. Siento un profundo orgullo cuando contemplo a personas que desarrollan su trabajo como es debido, especialmente aquellos que velan por nuestra seguridad y salud. En todo momento me hicieron sentir muy bien.
¿Y qué decir de mi amiga y de su pareja? Tanto If como yo les debemos una.
Tanto If como yo ya estamos bien, y podemos contarlo. El fox terrier agresor también está bien, no recibió mayor daño.
Unas conclusiones profesionales.
1.- Fijaos en que la agresión se produjo en un entorno “normal”. A pesar de la prevención que recomendamos, siempre tienes el riesgo de encontrarte con un agresor y con una agresión.
2.- Desde el punto de vista de la Defensa Personal Inteligente, he actuado adecuadamente: prevención sin paranoia, incapacitación inmediata del agresor, actuar con toda la calma posible y calmar la situación, avisar a la policía y regirme como un ciudadano decente. Por mucho que pudiera haber dado un escarmiento al agresor (el spray lo dejó absolutamente incapacitado), no se trata de eso.
3.- El agresor va a intentar racionalizar y justificar su actuación para lavar su conciencia o su imagen ante terceros, o para eludir sus responsabilidades. No permitas que te engañe. El desprecio que mostró hacia mi persona -al golpearme en la cabeza con un bastón y por sorpresa- y por mi perro -al permitir que su perro atacara al mío-, junto con su posterior actuación -ni se preocupó por mi estado ni por el de mi perro, tan solo por que no le denunciara- me hace sospechar la clase de ser humano que he tenido la desgracia de encontrarme.
4.- Esta tipo de individuos deben ser tratados como merecen. Sé contundente: no te dejes engañar por un agresor. Si no lo haces por ti, hazlo por los demás. Un agresor al que le salga gratis o muy barato agredir va a seguir haciéndolo, porque reforzamos su conducta repugnante. Y eso va a traer consecuencias a otros. Es nuestra responsabilidad como ciudadanos, como me recordó amablemente el agente de policía.
5.- Cuando alguien golpea en la cabeza a otra persona, demuestra un enorme desprecio hacia ella. Especialmente si lo hace con un arma contundente como en este caso, un bastón. Afortunadamente, el bastón se rompió ante la violencia del impacto. Eso produjo una disminución en la energía cinética del impacto, minimizando la consecuencias. No puedo ni pensar en qué habría podido ocurrir si el bastón no se hubiera roto al chocar contra mi cabeza o si llega a impactar en algún otra parte cercana. No puedo ni pensar en qué habría podido ocurrir a mi perro si yo no hubiera detenido el ataque del fox terrier. No puedo ni pensar en qué habría podido ocurrir si no hubiera incapacitado al agresor y no hubiera calmado la situación posteriormente.
6.- Nuestro Código Penal indica:
1. El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de seis meses a tres años, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico (ver mi nota más abajo). La simple vigilancia o seguimiento facultativo del curso de la lesión no se considerará tratamiento médico.
2. No obstante, el hecho descrito en el apartado anterior será castigado con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses, cuando sea de menor gravedad, atendidos el medio empleado o el resultado producido.
Las lesiones previstas en el apartado 1 del artículo anterior podrán ser castigadas con la pena de prisión de dos a cinco años, atendiendo al resultado causado o riesgo producido:
- Si en la agresión se hubieren utilizado armas, instrumentos, objetos, medios, métodos o formas concretamente peligrosas para la vida o salud, física o psíquica, del lesionado.
- Si hubiere mediado ensañamiento o alevosía.
- Si la víctima fuere menor de doce años o incapaz.
- Si la víctima fuere o hubiere sido esposa, o mujer que estuviere o hubiere estado ligada al autor por una análoga relación de afectividad, aun sin convivencia.
- Si la víctima fuera una persona especialmente vulnerable que conviva con el autor.
Nota: La Jurisprudencia española determina que la utilización de grapas para restañar una herida es considerada como “tratamiento médico o quirúrgico”.
Final.
Mantengo abierto este post a la espera de su final, que espero sea el juicio y una pena adecuada.
Por último, indicar que la Defensa Personal Inteligente me ha servido muy bien de nuevo. Desde que la conozco, no solo la tengo presente habitualmente ante agresiones de todo tipo y cada vez más habituales (verbales, emocionales, psicológicas y físicas); en este caso, es posible que haya salvado a mí y a mi perro de consecuencia físicas graves o, incluso, salvado nuestras propias vida.
Y es que, “Nunca sabes cuándo. Nunca sabes dónde.”





SIENTO MUCHO LO OCURRIDO Y A LA FECHA TU Y EL PERRIN ESTEIS RECUPERADOS Y NO TRAUMATIZADOS.UN SALUDIN DESDE OVIEDO.ANTONIO
Muchas gracias por tus buenos deseos, Antonio.
los animales no tiene mayor culpa, las personas si, me llena de indignación leer estas cosa, animo y un saludo!
Estoy muy de acuerdo con tu comentario. Dejando a salvo que cada animal tiene su manera de ser, en el caso de las mascotas el carácter se ve muy determinado por su dueño y, en cualquier caso, cualquier comportamiento inapropiado es responsabidad de éste. Responsabilidad, ¡cuántos problemas de convivencia ciudadana se solucionarían si se tuviera en cuenta este concepto.
Muchas gracias por tus palabras de ánimo. Has sido muy amable.